Así reaccionó Nicoly, ciega de nacimiento al ver por primera vez a su madre

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Para los padres traer al mundo un hijo es el logro más grande, es algo que se espera con demasiada ansiedad, tanto que hasta antes de llegar tú ya has preparado su llegada hasta en el más mínimo detalle. No importa si sea algo programado o haya venido sin avisar, lo cierto y concreto es que esa pequeña vida nos cambia la vida, nos hace sentir realizados como personas y nos ayuda a afrontar la vida con mayor madurez. Como sea, a un hijo los padres siempre lo esperan con los brazos abiertos.

Todo padre siempre desea que su hijo llegue al mundo gozando de un cien por ciento de salud, sin embargo, cuando la situación no se da de ese modo, precisamente son los progenitores los encargados de dar esa fuerza y ese apoyo que el niño necesita para sentirse protegido. Como sea, los hijos son los tesoros más valiosos que una persona puede tener y los padres, por sobre todo una madre, haría lo que sea necesario para que ellos gocen y disfruten de la vida. La mamá de Nicoly es un claro ejemplo de todo lo que es capaz una madre.

La historia que trata sobre esta niña es muy conmovedora y a la vez con un final más que feliz, principalmente para los familiares y por supuesto, para la pequeña Nicoly. Desafortunadamente, al poco tiempo de darse el nacimiento de esta hermosa niña, los médicos brasileños la habían diagnosticado un problema de la vista llamado glaucoma pediátrico agudo. Aparte de eso estaba también quedando sorda.

El esfuerzo de la madre por su hija

Daiana Pereira es la madre de la pequeña, y también es la guerrera que ha movido cielo y tierra para poder lograr que su hija disfrute del sentido de la vista, ya que Nicoly era ciega, sí, totalmente ciega. La visión que tenía la niña era gris y solamente manifestaba cierta reacción a la exposición de la luz. Ella no conocía los colores ni tampoco las formas de las cosas. Por su sordera tampoco sabía qué era el sonido. Solamente se manejaba con el sentido del olfato y del tacto, ya que podía oler y tocar a su madre.

Todo parecía perdido, los médicos de Santa Catarina (Brasil) la habían operado en siete ocasiones, pero en ninguna oportunidad dieron con la solución del problema. Esta enfermedad se debía tratar con suma urgencia para evitar que empeoraran sus condiciones y el inconveniente fuera irreversible. Sin embargo, Daiana no tenía intención alguna de bajar los brazos y fue más allá en busca de traer una solución definitiva. Para poder lograr eso, tuvo que apelar al buen corazón de las personas.

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