Una historia de perros: caminó casi 30 kilómetros para volver a su hogar

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El lunes 20 de agosto, un hombre paseaba a Boy, su perro, en plena Avenida Libertador de Buenos Aires.

Impensadamente, la correa se soltó y el can salió corriendo.

Junto con su esposa Elizabeth, empapelaron el Barrio Norte con la foto de su mascota, pero sin resultados.

Hacía poco tiempo que ellos se habían mudado desde el barrio de Temperley, por lo que una amiga le dijo, medio en broma, medio en serio: ¿no será que Boy volvió allí?

En medio de la desesperación. Elizabeth solo rió ante la posibilidad.

El malcriado de la casa

Boy había sido recogido de la calle por Heidy, la mamá de Elizabeth cuando era apenas un cachorro, siete años atrás. Pasó un tiempo en el patio delantero de la casa, donde recibía cobijo y alimento, pero luego se integró a la vida familiar y a las otras dos mascotas de la casa, otro perro y un gato.

Pronto, el recién llegado pasó a ser el “malcriado” y de dormir en las calles, pasó a dormir bajo la cama de los dueños de casa.

Pero la idílica vida de Boy tuvo un vuelco, cuando Heidy murió y la vivienda debió ser reformada, porque otra persona iba a vivir en el lugar y ya no quedaba lugar para las mascotas. El otro can fue a vivir con una vecina y Elizabeth fue a vivir a un departamento en Palermo, donde decidió traer aBoy. El gato se resistió a irse y se quedó en la vivienda, entre escombros y albañiles.

La llamada

Elizabeth estaba muy mal, ya que el perro es muy querido para ella.

Incansablemente continuó la búsqueda en Palermo, empapelando la zona con las fotos de su querida mascota, pero sin resultados.

Desesperada, llamó por teléfono a una vecina de Temperley y le dijo lo que había pasado. Sin mucha esperanza, le pidió que si veía a Boy en la zona, le avisara.

Los días pasaron y cuando las esperanzas de encontrar a su mascota estaban casi perdidas, una llamada telefónica cambió todo el panorama.

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